bad awakening...

viernes, 19 de agosto de 2011


No fue justo, ni para él, ni para nadie. No fue justo que se marchara así. Nunca pidió más de lo que necesitaba, pero siempre ofreció más amor del que se esperaba de él. Siempre me dijeron que nunca sería cariñoso conmigo; qué equivocados estaban. ¿Quién diría que a alguien que no habla, le mataría su boca? Siempre quise lo mejor e hice todo lo posible, siempre luché, pero hoy siento que nada fue suficiente, que no le presté todo el amor que tenía guardado para él. Hoy me da la sensación de que incluso pude ser mala. Hoy me duele no abrazarle todos los días y recordarle que le quiero. Aunque, se que él lo sabe. Se que se marchó sabiéndolo.
Quizá os defraude saber que hablo de mi mascota, de "un simple conejito", pero nunca fue eso para mi. Vino cuando más le necesitaba, haciéndome sentir que yo servía para cuidar de alguien y para obligarme a cuidarme a mí misma. Vino hace tan sólo un año. A menudo sigo la creencia de que estamos en el mundo con una función concreta (y no soy religiosa, de ningún tipo) y él la cumplió, quizá por eso su destino era marcharse joven, no lo sé.
Hace tres meses pude detectar que los dientes inferiores habían crecido una barbaridad, de hecho tocaban su nariz. Asustada, busqué por internet la respuesta y llamé a un veterinario. Maloclusión dental, eso era. Aparentemente algo normal, común, incurable pero salvable. Efectivamente, el veterinario cortó los dientes con cuidado tras examinarlo. Me comentó que volviera en Agosto, ya que si le crecían de nuevo cabía la posibilidad de operarlo para que no ocurriera (cosa que me atemorizaba). No tardaron ni dos semanas en crecerle de nuevo, pero preferí aguantar un poco por si acaso, como el veterinario dijo.
Esta última semana pude ver como le faltaba un diente, como si se lo hubiera partido muy pequeño. Además de eso, tenía la boca y el pecho con un líquido pegajoso, como que se había babeado de sobremanera. Me asusté, por lo que llamé para pedir cita con el veterinario. Lo vi el lunes por la noche. Llamé el martes por la mañana. El miércoles por la mañana estaba tumbado en su jaula, decaído. Corrí a cogerlo en mis brazos, pero como de costumbre, pensé que se levantaría corriendo a saludarme (como siempre hizo), pero no. Tan sólo movió una patita. Lo cogí en brazos temiéndome lo peor. Estaba muy flaco, flaquísimo. No se mantenía derecho. Poco a poco dio sus últimos alientos en mis brazos. Una infección bucal acabó con él; siempre supe que era una criatura frágil.
No pretendo quejarme ni dar pena; ya avisé de que me desahogaría en este, mi pequeño espacio. En el fondo estoy bien, es decir, acepto que ya me había hecho a la idea de que podía tener graves problemas por sus dientes. De hecho, el sólo pensar que la anestesia de una operación podía dejarlo tumbado en la camilla... A pesar de todo, duele, duele mucho ver a alguien que quieres tanto acabar su vida en tus brazos.
Él se merece este espacio dedicado y todo mi cariño y recuerdos, porque fue ejemplar, único, perfecto.
Hurra por ti, Usami.

4 comentarios:

LaWi dijo...

Lo siento mucho, le has dedicado un precioso homenaje. Es difícil pasar por momentos así, aunque se tratara de mascotas, y eso sólo lo puede saber quien de verdad ha tenido un animal cerca en su vida.

Damajessica dijo...

animo, ahora esta en el cielo de los conejitos, donde siempre hay zanahorias,ellos siempre nos dan tanto amor

Cale dijo...

lo siento mucho... ojalá tú estés bien pq él seguro que lo estará ahora, viéndote desde lejos.

Maryanella dijo...

Dios, me acabo de hundir al leer esto. Yo tengo dos conejitas de 1 y 2 años y entiendo perfectamente todo lo que dices en el primer párrafo. Hace poco la mayor tuvo un problema de salud, que si no llego a notar, no sé en qué acabaría. Y en fin... Lo siento muchísimo, de verdad, aunque no te conozco de nada. He llegado por casualidad.

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